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EDUCACIÓN,  Reflexiones

Una realidad que se esconde tras el dejar una carrera

Quiero dejar muy claro, antes de nada, que todo esto que escribo no es ni para dar pena ni para demostrarle a nadie lo que he conseguido o dejado de conseguir.

Esto es una realidad y no solo me pasó a mí. Le pasó, le sigue pasando y le pasará a muchísima gente (casi) cada día, ya que no me atrevería a decir a ciencia cierta que esto pasa cada día.

Si leíste el último post que compartí sobre el porqué me fui a Londres, quizá quieras leer este, ya que podríamos decir que lo que me he animado a contar hoy por esta vía, tiene mucha relación con aquello.

 

¡ASÍ QUE, VAMOS A ALLÁ!

 

En 2013, si no recuerdo mal, algunas personas se creyeron con todo el derecho a decirme que me dedicara a otra cosa, que debía tener máxima vocación para aquello, que no estaba preparada ni capacitada, tan solo hacía falta mirarme y por compasión se me daba una segunda oportunidad para hacerlo mejor y dar lo mejor de mí.

En aquel momento, aquello que me llegaron a decir, me cayó como un jarro de agua helada y/o como una olla llena de aceite hirviendo.

Lo cierto es que a nadie le gusta que le rompan sus sueños en pedazos ni que se los esparzan por el suelo como si fuera confeti.

Pero lo hicieron.

Hay gente que se cree con el poder de hacerlo, sin tener en cuenta el daño tanto físico como emocional, sobretodo emocional, que eso puede acarrear en una persona.

Siempre dije que, en aquel momento y durante bastante tiempo después, esas personas me habían jodido la vida.

Y sigo pensándolo, porque es la verdad. La única diferencia es que hoy en día miro hacia esa parte de mi pasado y lo veo como un aprendizaje.

Aquello me sirvió para aprender demasiadas cosas, eso sí, por las malas y para convertirme, en gran parte, en la persona que soy ahora.

Pero, que nadie ose decirme que “no hay mal que por bien no venga”. Porque la realidad es que nadie debería sentirse con el derecho de joderle los sueños a alguien. NADIE.

Nadie tiene el derecho de decidir por ti sobre si tienes vocación o no en algo, por el simple hecho de apetecerle o porque se cree que está jugando a la bonoloto. NADIE.

Por esa bonoloto, mucha gente deja carreras, va a psicólogos y/o se van lejos o se quedan encerrada en sus casas porque llegan a creerse que no sirven para nada.

Por esa bonoloto, cogí pánico a las prácticas, mucho pánico. Pánico a entrar en una clase llena de niños y niñas que lo único que me podían enseñar eran cosas buenas.

Por suerte, esa bonoloto no fue el único motivo por el que dejé la carrera, pero creo que es motivo suficiente como para hacerlo. Y no por debilidad, ni por vulnerabilidad.

 

There is power in vulnerability.

 

Pensar que alguien es débil y/o vulnerable por algo así, me parece todavía más débil y vulnerable por parte del que lo piensa.

Dejar una carrera por los motivos que sean, no es para nada fácil.

Para mí, fue una de las decisiones más difíciles e importantes que tomaré siempre, así que mejor no vayamos de sabelotodos ante las situaciones de los demás.

Hoy, bastantes años después y por primera vez en todo este tiempo, voy a dar las gracias a las personas que me jodieron la vida en aquel momento; a aquellas que no confiaron en mi ni en mis capacidades, a aquellas que me dijeron que me dedicara a otra cosa porque no estaba clara mi vocación y a aquellas que se compadecieron de mí dándome una segunda oportunidad (de mierda) que no quise ni pensé en aceptar.

Creo firmemente en que todo lo que nos pasa es por algo y a día de hoy he aprendido que las oportunidades no solo pasan una vez en la vida. Las oportunidades pasan más de una vez, solo que nosotros las aprovechamos en el momento oportuno.

Este pasado lunes, unos cuantos años después de aquello, volví a las aulas con muchos sentimientos encontrados y todos positivos, ya que el miedo y los nervios ante lo desconocido solo nos hacen ir a por ello con más ganas.

Al final, lo que aprendí con todo aquello es que con los años se vencen los miedos y las inseguridades y al final, volvemos a tirarnos al agua. Sin miedo, sin inseguridades y sabiendo que en el camino hacia la boya habrá oleaje y tragaremos agua, pero es más que probable que valga la pena, y sino, ya nos encargaremos de ello.

girona
Imagen de: El Café de las Cinco

 

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