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Mi viaje a Tailandia | Bangkok #2

Antes de seguir leyendo te recomiendo que cliques aquí y leas el primer día de nuestro viaje a Tailandia y nuestra llegada a Bangkok, si todavía no lo has hecho. Si ya lo has leído, ponte cómodo/a y sigue leyendo.

 

10 de agosto (Bangkok)

 

Primera noche en Bangkok = jet lag viajero.

La primera noche me costó dormirme, por eso mismo, desde aquí, os recomiendo que os llevéis melatonina. Es natural, no es adictiva y, lo más importante, te va a ayudar a dormir. 

 

El 10 de agosto nos propusimos hacer turismo del bueno por Bangkok. Cogimos un tuk-tuk y nos fuimos directas a The Grand Palace, que viene siendo el palacio real de Bangkok. 

Buscando la entrada al palacio un hombre con un paraguas (no llovía) y con pintas tailandesas se nos acercó y nos empezó a hablar. 

bangkok
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CUIDADO con este tipo de gente. 

Tranquilos/as, no nos robó ni nada por el estilo, pero nos metió un rollo de que el palacio estaba cerrado a esa hora (sigo sin saber si era verdad o no), nos hizo un mapa (sí, un mapa) en un trozo de papel más pequeño que la palma de su mano, le hizo aguantar el paraguas a C (como véis en la foto) y acabamos subidas en un tuk-tuk, dirigiéndonos a la otra punta de dónde estábamos para subirnos a un barquito e ir a uno de los muchos Floating Markets que hay en Bangkok

No sé si llegamos a saber el nombre del Floating Market, creo que era el Bang Nam Phueng Floating Market, pero no estoy 100% segura. Lo que sé seguro es que no era el famoso Damnoen Saduak Floating Market. 

Montar en un barco de aquel calibre fue toda una experiencia para mí (que me daban miedo los barcos de ese tipo). Aun así, lo que más me llamó la atención fue lo sucia que estaba el agua y como un hombre tiraba a ese mismo agua, sin reparo alguno, basura que alguien había dejado en el barco. Sin comentarios.

Después de unos cuantos traqueteos en el barco, llegamos al Floating Market y tuvimos un rato para dar una vuelta, comprar (si queríamos), hacer fotos… lo típico que hacen los turistas, vamos. 

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Durante el trayecto vimos, a parte del estado del agua (sucia a más no poder), casas destrozadas, mujeres muy mayores en barcas diminutas vendiendo souvenirs en medio del canal por dónde íbamos, peces muertos, gente pescando… Ah y también vimos dragones de Komodo. 

El timo del siglo, como dijimos en aquel momento, no fue el hombre con paraguas (sin llover) sino al bajar del barco, después de la excursión por el Floating Market, nos hicieron pagar 20 BHT (si no recuerdo mal) por desembarcar. 

Repito: cuidado con estas cosas y cuidado también con el cumpleaños del rey, que puede ser cada día si se lo proponen (se me entiende, ¿no?). Pues eso. 

 

Para entrar a los templos y lugares sagrados tienes que ir tapado, tanto de hombros como de piernas. Te asas de calor, pero es lo que hay, así que al salir del mini puerto donde desembarcamos, fuimos directas a comprarnos lo que iba a completar nuestros outfits durante todo el viaje: el sarong (ya veréis en las fotos lo que es).

Finalmente, entramos en The Grand Palace. Eran los primeros templos que veíamos y fue bastante impresionante. Lo recuerdo todo muy majestuoso y bonito.

grand palace sarong
En The Grand Palace y llevando el sarong. Todos los derechos reservados.

 

Al salir, empezó a llover muchísimo y nosotras tuvimos la gran suerte de que siempre que llovía nos pillaba comiendo, y así fue. 

 

Aquel día también fuimos al Wat Phra Chetuphon (Wat Pho para los amigos) y una de las mejores cosas que hicimos (y que recomiendo) fue coger un guía.

Wek (el guía) nos explicó el budismo y nos enseñó el templo. Fue genial. A mi, personalmente, hubo momentos en los que se me removieron cosas por dentro y la visita a este templo, Wat Pho, fue bastante significativa. 

reclined buddha
Wat Pho y el buddha reclinado. Todos los derechos reservados.

 

Tenemos una anécdota muy graciosa de aquel momento y es que al final de la visita guiada, Wek nos llevó a un árbol, nos hizo ponernos en frente del árbol y nos hizo repetir un mantra. La imagen es bastante graciosa: tres chicas occidentales, “rezando” (por la posición de las manos), delante de un árbol y repitiendo palabras en un idioma desconocido, entre ellas PUTAYA y PERRA (sonaban igual que en español). Seguimos sin saber que significan esas dos palabras, y todo el mantra en general, pero lo importante fue el momento vivido y las risas que nos pegamos después. 

 

Para acabar el día, fuimos a Khao San Road, que estaba bastante cerca de nuestro hotel (y nosotras sin saberlo). 

Cenamos allí, como no, Pad Thai y recorrimos la calle de arriba a abajo. 

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El buen Pad Thai. Todos los derechos reservados.

 

Khao San Road es parada obligatoria solo para ver como se montan la fiesta los tailandeses. Pensad en una calle llena de bares, con las puertas abiertas y cero insonorización, relaciones públicas pululando por ahí y gente, entre ellas yo, bailando al ritmo de la música que sonaba a tal volumen que no hacía falta ni entrar en el garito. Yo estaba en mi salsa, vamos. 

Aquella noche tuvo cosas buenas, muy buenas y malas. 

La cosa buena es lo que os acabo de contar. Calle llena de gente, música, cerveza…

La mala os la cuento aquí

Y la mejor fue, después de la experiencia non-grata que tuve en Khao San Road, que podéis leer aquí (repito), pedirle al dj que pusiera Con Altura de Rosalía, ya que llevábamos todo el día con la canción en la cabeza, y bailarla en medio de la calle (podéis ver el vídeo en la otra entrada ;). 

 

Aquella noche, me pesaban los ojos, el cuerpo y el alma. Me tomé una pastilla de melatonina (bendita melatonina) y me dormí. 

 

Al día siguiente empezaba, de verdad, la ruta que nos habíamos montado por el país y había dos cosas que ya teníamos muy claras.

  1. Teníamos que comer como si no supiéramos cuándo sería la próxima vez. 
  2. Teníamos que dormir, sí o sí. 

Se venía el ajetreo: trenes, aviones, ferries… y nuestro viaje no había hecho más que empezar.

 

…Próximamente 11 de agosto en Tailandia…

 

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