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Salud

En busca de la ginecóloga perfecta #2

Antes de seguir leyendo, debes leer la primera parte de En busca de la ginecóloga perfecta #1. Si ya lo has hecho, sigue leyendo 🙂

 

 

Debido a qué mi última experiencia había sido traumática, una amiga me dio el nombre de su ginecóloga, pero estaba a tope y tuve que coger cita con una de su equipo. Eso hice.

 

Aquella vez fui por un motivo ajeno a la revisión anual, sin embargo, aprovechó para hacerme la citología. Aun así, dejadme contaros el pre-citología. 

 

Para empezar, fui acompañada ya que no me atrevía a ir sola y pasar por otra experiencia traumática con una ginecóloga sola.

Seguidamente, le conté lo que me pasaba cuando me hacían las revisiones y el porqué me pasaba. Yo lo hice porque creo que si una paciente te cuenta sus cosas, no es para que sientas lástima por ella o para hacerte perder el tiempo. Cuando una paciente te cuenta sus cosas es para que salga tu lado humano, empatices con ella y sepas tratarla lo mejor posible para que no salga de ahí más traumada de lo que está. 

 

Lo primero que me dijo después de yo contarle mis cosas fue que fuera al psicólogo (y no tengo ningún problema en ir y ya he ido más de una vez), pero tiene tela como respuesta.

Lo segundo es que ella no tenía ni idea de lo que era una fisiosexóloga o fisioterapeuta de suelo pélvico. 

 

Tanto mi acompañante como yo alucinamos como alguien profesional en su campo, desconociese la figura, importante, de la fisio de suelo pélvico. 

 

Demasiadas banderas rojas en tan poco tiempo y todavía no había entrado ni a hacerme la citología. 

 

Cuando entré fue sin más. Ni siquiera lo recuerdo. Lo único que recuerdo es que no me hicieron la ecografía. La clínica a la que fui (no voy a decir nombres al no ser que expresamente me los preguntéis por privado) hace las ecografías en otra planta, con otra profesional. 

 

Otra red flag para mí, ya que yo como paciente necesito que me lo haga todo una única persona y al momento. 

 

Me hicieron ir otro día a hacerme la ecografía, que me atendieron muy bien, todo sea dicho, para después darme los resultados. 

 

No volví a ir. Ni a la clínica ni a esa ginecóloga. 

 

A continuación, os expondré la segunda peor experiencia de mi vida yendo a una ginecóloga.

 

Fui a una clínica que me habían recomendado y fui contenta, ya que la persona que me lo había recomendado había salido muy contenta. Además, mi fisio de suelo pélvico me había recomendado a una profesional de esa clínica.

 

Cuando llegué allí había cola para entrar y cuando llegué al mostrador para decir que tenía cita me dijeron que no, que yo no salía en la lista de pacientes de ese día… Me dieron la típica excusa de que el sistema o el programa que tenían no funcionaba y todavía deben estar esperando a que me lo crea. De todas maneras, me atendieron, pero si os digo que cuando salí de allí me tuvo que abrir la puerta la mujer de la limpieza porque estaba todo cerrado, ¿os lo creéis? Porque así fue. 

 

Yo tenía cita a las 18 aproximadamente, si no antes (ya ni me acuerdo) y me atendieron dos horas más tarde. 

Vi como entraba gente a la consulta de mi supuesta ginecóloga y oía como se descojonaban desde dentro. Mientras tanto, yo estaba esperando como una imbécil a que me atendiesen. Y lo hicieron, pero dos horas después de mi cita, como si mi tiempo no fuera valioso. 

 

Cuando entré, sí, la ginecóloga me atendió bien e intentó ir despacio y respetarme (lo mínimo), pero si no colocó el espéculo cinco veces, no lo hizo ninguna. Yo estaba alucinando y lo único que quería era irme de allí cuanto antes.

 

Antes de despedirme de ella, para siempre, me mandó hacerme un análisis de sangre y me dijo que me llamaría para darme los resultados de la citología.

 

¿A ti te llamó? Porque a mí no. Y eso que me dieron cita para la llamada telefónica. 

 

Salí de allí pitando, a las nueve de la noche, y de tan rápido que me fui, me olvidé el papel de la mútua para hacerme el análisis. Lo pedí por mail al día siguiente, y los sinvergüenzas y poco profesionales me enviaron la fotocopia, tal cual, de un papel de mútua, sin un buenos días ni nada. 

 

Impresentables es la palabra. 

 

Les puse una reseña en Google para cagarse y obviamente, no volví a pisar ese sitio ni se lo recomendaré a nadie, nunca. 

 

Después de la segunda peor experiencia encontré a una ginecóloga que rozó la perfección, pero la cagó diciéndome que

«la regla tenía que doler»

ya que yo no creo precisamente eso.

 

Sin embargo, le expliqué como me sentía al ir a la ginécologa y me trató muy bien. Tuvo mucho cuidado y fue con la que me empecé a vacunar del virus del papiloma humano (VPH). 

 

Fui dos veces y ambas veces le pregunté dudas que tenía y muy amablemente me las contestó. Además, me ponía ella la vacuna del VPH y estaba bastante contenta. Era profesional y humana, desde mi punto de vista, así que cumplía con mis estándares. 

 

¿Qué pasó? Que se fue del hospital dónde me atendía a mí y le perdí la pista.

 

Lo peor de todo es que me faltaba una vacuna del VPH para ponerme y cuando fui a pedir cita para que otra ginecóloga de ese hospital me la pudiera poner, fue un poco odisea. 

 

Me dieron cita con una profesional que nada más verla ya supe que no iba a ser la ginecóloga perfecta que estaba buscando. Tengo ese sexto sentido. Llámame bruja. Y así fue.

 

Para empezar, se quedó a cuadros cuando le dije que venía para vacunarme y que tenía que ponerme ella la vacuna. Ella resultó no saber poner vacunas y tuvo que venir un hombre a hacerlo. 

 

Estando allí aproveché para preguntarle unas cosas y a raíz de una de ellas, me dijo que entráramos en la salita para hacer una ecografía para ver que los ovarios estuvieran bien. 

 

Yo me puse nerviosa, porque no me esperaba tener que hacerme nada que implicase meterme algo por la vagina. Me puse a llorar casi al momento (es lo que tiene tener ciertos traumas) y como siempre, tuve que dar explicaciones del porqué lo hacía. 

 

No me obligó a hacerme la ecografía vaginal y me la hizo abdominal.

«Cómo estás delgadita se verá bien» me dijo.

No vio nada y os diré porqué estoy tan segura en breves. 

 

Lo peor vino después. Como ella me vio tan agobiada con las ecografías vaginales y todo eso, me empezó a decir atrocidades, entre ellas que no hacía falta hacerse citologías ni ecografías anuales si la última revisión te había salido todo bien.

¿Perdona?

Que en el Reino Unido habían hecho estudios que decían que no hacía falta hacerse revisiones anuales, y que hacerse una cada tres años o por ahí era suficiente.

 

Se le olvidó decirme que en el Reino Unido mueren mujeres precisamente por no hacerse las revisiones ginecológicas anuales… Eso me dijo una amiga mía inglesa y no creo que me haya engañado.

 

Salí sin todavía saber dónde meterme, pensando que había estado delante de una profesional que atentaba contra la salud ginecológica de las mujeres españolas y me dio miedo pensar que una chica más joven que yo o cualquier mujer recibiera ese mismo mensaje y se lo creyera. ¡Qué miedo!

 

Después de esta experiencia, ya que era la primera vez que una profesional me decía algo así, quise informarme de lo que me había dicho esta ginecóloga y me enteré que las sociedades científicas exponen lo mismo que ella; que hacerse citologías cada tres años de los 25 a los 30 años está bien. A mi personalmente, me sigue pareciendo una atrocidad, ya que una revisión anual no hace daño a nadie y es una manera de prevenir el VPH, entre otras cosas.

 

Repito que no voy a dar nombres por aquí, por si acaso, pero si me preguntáis por privado no tendré ningún problema en dároslos. 

 

Finalmente, y por ahora, después de tantas experiencias fatídicas, como has podido leer, hace unos meses encontré a mi ginecóloga perfecta

 

Cumple con mis estándares de profesionalidad y humanidad. Es alguien a quién recomendaría y con la que me sentí muy a gusto, en paz y confianza. Dejar tu cuerpo en manos de alguien, por así decirlo, es una decisión importante y por eso, hay que escoger bien al especialista que quieres que lo haga. 

 

Me ha llevado muchos años encontrar a este ginecóloga, que hoy por hoy, como digo, se ha convertido en la ginecóloga perfecta para mí. 

 

En la primera visita le expliqué todo y con mucho cariño, paciencia y tacto, me acompañó, me explicó que iba a hacerme y me dijo todo lo que veía. 

 

¿Os acordáis que os dije que la ginecóloga anterior no vio nada? Pues efectivamente no había visto nada haciendo una ecografía abdominal por muy delgada que estuviera, ya que resultó que tenía un quiste hemorrágico y por eso sangraba y tenía tanto dolor durante la menstruación. Telita.

 

Mi ginecóloga me citó otro día para hacerme la revisión anual, ya que la primera visita no fue para eso, y fue más de lo mismo. Todo genial. Además, me hizo una ecografía algo más larga, ya que quería descartar una cosa y así lo hizo.

La única pega, y ya he dicho al principio que iba a hacerlo, es que no me tocó los pechos y normalmente eso se suele hacer en las revisiones. Yo pensé en ello al llegar a casa y cuando recibí los resultados de mi revisión (que está vez sí recibí vía mail), le pregunté sobre ello y no me contestó. 

 

¿Esto le quita puntos? Obviamente sí. 

 

¿Puede recuperarlos? También. 

 

Estoy tranquila al respecto, sino ya hubiera ido a preguntar o ya hubiera pedido cita para que me toquen los pechos, pero siendo algo tan básico en una revisión me llama la atención que no lo hiciera.

 

Yo soy muy exigente, pero se trata de mi salud. Si no me ocupo yo de ella, nadie más va a hacerlo. 

 

Y tú, querida lectora, también debes serlo, y sobretodo cuando se trate de tu salud. 

 

Y hasta aquí la serie de En busca de la ginecóloga perfecta

Espero que os hayan gustado las dos entradas dedicadas a ello y que os sirva a todas aquellas personas que estéis buscando a vuestra ginecóloga perfecta. 

No os rindáis. Vuestra ginecóloga perfecta está ahí fuera.

Os recuerdo que si me pedís por privado (vía mail o instagram) nombres o clínicas de las profesionales arriba mencionadas os lo diré sin ningún problema. 

¡Nos leemos pronto!

xoxo 

Irene



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