El Café de las Cinco surge un día cualquiera, en la que era mi habitación, cuando vivía en Madrid. No serían las cinco y posiblemente tampoco estaría tomando café, pero obviamente todo tiene una razón de ser. 

 

El Café de las Cinco surge de la necesidad de contar y de transmitir aquellas experiencias personales valiosas para el lector y sanadoras para una servidora.  

 

El Café de las Cinco empezó hace ya unos años, que se dice pronto, y desde entonces no he dejado de compartir, de contar y de transmitir de la mejor forma que sé (o una de las mejores).

 

El Café de las Cinco esconde muchas alegrías, muchas vivencias, pero también muchas realidades, mucho dolor e incluso lágrimas y tristeza.

 

El Café de las Cinco es una bomba de emociones hecha letra. 

 

Y no hace falta que sean las cinco, ni que tomes café para adentrarte en él. 

 

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